Una tarde de domingo, entre sobras de comida, vasos vacíos y una mesa despojada de su milimetrada composición, me quedé conversando con ella. Nunca se separó de mi lado desde hacía ya semanas, pero me brotaba esa sensación placentera de querer mirar y conversar. Como si no la hubiese visto en muchos años. Mi primer día en casa, y necesitaba de su tono de voz, sereno y cercano.
Mi madre entre recuerdos, me comentó por primera vez y en voz baja, que cuando yo era un recién nacido, miraba con mucha atención y entusiasmo mis diminutas manos. Ya en la incubadora las escudriñaba una y otra vez; las observaba como si fuesen el objeto mas extraño y maravilloso del mundo. Se convirtieron por derecho propio en mis primeros y mas valiosos juguetes.
El 17 de septiembre de 2009, a mi cuerpo le habían conectado infinidad de periféricos sonoros. Desperté sedado y entubado en el blanco planeta de la Unidad de Reanimación, y fue lo primero que inconscientemente busqué en la niebla anestésica: esas pequeñas y amoratadas manos.
Aquella tarde encontré de nuevo mis juguetes, 37 años después…
Bienvenidos a mi vida extra :)
