Explosivo plástico, exterminador de mis espectros. Ilumina el día, incluso cuando bajo a los sótanos.
Tan amplio es su registro, que en la misma conversación puedo pasar de atravesar un muro de televisores en llamas, a caer de un acantilado para romperme de risa en su agua cristalina.
Huracán de fuerza cinco, que tuvo el coraje de contestar, de frente, esa pregunta que ni una mirada responde; aunque con ello se rasgara más de una costura.
Fuegos artificiales, tejidos con cerillas.
Así es mi amiga Carmen.
Yo simplemente:
La Quiero

Cuando escuchas que hay momentos que revolcarán tu alma por el suelo, no llegas a creerlo del todo. Mi condena, en texto plano, hizo diluir la idea de que existe un esponjoso futuro. Sometido a una mutación sensorial que aún estoy por digerir, noté la afilada hoja, en mi nuca. Tu socio, el dolor, fue el catedrático que liposuccionó cualquier resto de ego que quedaba en mi ser. Cristalizando mi mirada y clavando mis rodillas en tierra.
Una herida arrinconada, un perímetro transparente y un miedo sin estrenar, es el balance de una decadencia. Soy consciente de que detrás, alguien llora. Algún día, volveré a ser yo el que lo haga. Pero hoy me reafirmo en el credo: mi sonrisa es lo que más te duele.
He vencido la tercera batalla. Un año me has robado. Me levanto del suelo, sucio y lleno de polvo, pero con el revólver cargado de arrobas.
La próxima vez que vengas por mi, no me encontrarás solo.
Una tarde de domingo, entre sobras de comida, vasos vacíos y una mesa despojada de su milimetrada composición, me quedé conversando con ella. Nunca se separó de mi lado desde hacía ya semanas, pero me brotaba esa sensación placentera de querer mirar y conversar. Como si no la hubiese visto en muchos años. Mi primer día en casa, y necesitaba de su tono de voz, sereno y cercano.
Mi madre entre recuerdos, me comentó por primera vez y en voz baja, que cuando yo era un recién nacido, miraba con mucha atención y entusiasmo mis diminutas manos. Ya en la incubadora las escudriñaba una y otra vez; las observaba como si fuesen el objeto mas extraño y maravilloso del mundo. Se convirtieron por derecho propio en mis primeros y mas valiosos juguetes.
El 17 de septiembre de 2009, a mi cuerpo le habían conectado infinidad de periféricos sonoros. Desperté sedado y entubado en el blanco planeta de la Unidad de Reanimación, y fue lo primero que inconscientemente busqué en la niebla anestésica: esas pequeñas y amoratadas manos.
Aquella tarde encontré de nuevo mis juguetes, 37 años después…
Bienvenidos a mi vida extra :)
